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Una lección de muerte...

Ví­ esta pelí­cula hace unas semanas, pensé que era una bella lección de muerte y ahora he leí­do este análisis que Roberto Garza Iturbide hizo para el semanal de la Jornada, me pareció bellí­simo y erudito, así­ que lo comparto con ustedes esperando que vean la pelí­cula. La disfutarán y quizás suspiren por...su muerte :) (Estoy tras el rastro de "La decadencia del imperio americano" les enviaré información...

La Jornada Semanal, domingo 30 de mayo de 2004 núm. 482

La tanatologí­a según Arcand

Roberto Garza Iturbide

En Mis últimos dí­as. Las invasiones bárbaras, Denys Arcand rescata al elenco de La decadencia del imperio americano (1986) para dar continuidad a la historia de Rémy, académico en Quebec, quien ahora padece un cáncer en etapa terminal.

La pelí­cula inicia con una escena en la que Sébastien, exitoso financiero establecido en Londres e hijo de Rémy, recibe una llamada telefónica en la que su madre le anuncia la inminente muerte de su padre. Sin pensarlo dos veces, Sébastien viaja a Montreal para cuidarlo en sus últimos dí­as.

A partir de ese momento, Sébastien se convierte en el tanatólogo de cabecera de Rémy: le brinda compañí­a, convoca a sus amigos, le consigue, mediante el soborno, un cuarto privado en el hospital (público), paga a los ex alumnos de su padre para que lo visiten en el lecho de muerte, e incluso, por recomendación de un médico, se las ingenia para que le suministren heroí­na como paliativo.



Desde las primeras escenas sabemos que Rémy, el personaje principal, va a morir. Pero, en este caso, saber el final de la historia es lo de menos. Arcand se ocupa en explicarnos cómo Rémy se relaciona con la muerte. La sociedad occidental, en particular la de formación judeocristiana, está tan acostumbrada a negar la muerte, a verla como una tragedia, que el proceso de "buena muerte" (eutanásico) de Rémy resulta sorprendente, habida cuenta de la formación católica de Arcand y su posterior deslinde del dogma religioso.

Arcand abre una serie de interrogantes en el filme: ¿cómo afronta un desahuciado su destino fatal? ¿Cómo se prepara para morir? Y de paso, en el subtexto, desliza una pregunta de í­ndole moral: ¿Es legí­timo aplicar la eutanasia activa directa a un enfermo que, con pleno uso de sus facultades mentales, decide el momento de su muerte?

EUTANASIA Y REDENCIÓN

Rémy es un liberal declarado; así­ que, de entrada, no hay conflicto religioso con respecto a la muerte; más bien, surge en él la angustia existencial, el miedo a lo desconocido. Rémy no ve en el dolor y el sufrimiento un medio de redención espiritual; por el contrario, permite que se le inyecte heroí­na para aliviar los dolores. Y más aún, acepta con voluntad consciente que se le aplique una sobredosis con un efecto mortal inmediato.

En el civilizado mundo de Arcand, la eutanasia activa dignifica al enfermo. Nunca vemos a Rémy hecho una piltrafa; evita la degradación fí­sica, el sufrimiento innecesario; muere en el momento indicado, tranquilo, en paz, y en compañí­a de sus más queridos.

Para conseguir la droga, Sébastien contacta a Nathalie, hija de Diane, antigua amiga de Rémy. Nathalie es una joven y hermosa correctora de libros adicta a la heroí­na. El trato: Sébastien le paga la droga a cambio de que ella la comparta con el moribundo. Entre Nathalie y Rémy surge un lazo de vida-muerte: él le enseña a vivir y ella a morir. La joven, que se juega la vida en cada piquete, le encuentra sentido a su vida a través de la muerte de Rémy. Hay una redención indirecta: la de Nathalie. En este sentido, Arcand juega con la paradoja: Rémy, un liberal de izquierda, redime con su muerte a una joven "oveja perdida". La posición liberal de avanzada, mezclada con el sesgo religioso de la redención, da como resultado un discurso ambivalente, caracterí­stico de un liberal con culpa.

MUERTE Y SOLIDARIDAD

Al principio vemos a un Rémy sólo, gruñón, cí­nico, desplazando su frustración en rabietas intelectuales. Tan pronto llega Sébastien tienen una discusión que por poco provoca que éste se regrese a Londres. En este momento, cuando todo apunta a la tragedia, aparece la figura materna que hace reflexionar a Sébastien. "Tú no lo recuerdas, pero cuando de niño estuviste a punto de morir, tu padre no se separó un momento de tu lado durante dí­as." Aquí­ la historia da un giro: Sébastien se desvive por darle a su padre la mejor calidad de vida posible en sus últimos momentos.

Lo primero que hace es conseguirle un cuarto privado y convocar a los mejores amigos (los mismos de La decadencia del imperio americano). Conforme llegan, Rémy comienza un lento proceso de transformación hacia la camaraderí­a y la solidaridad. Ya no está sólo. Se siente querido, acompañado en el lecho de muerte. Con los amigos, Rémy abre el baúl de los recuerdos. Revive el pasado, se burla de sus ideales (todos los ismos), se deleita recordando una imagen de Inés Orsini en el papel de la santa Marí­a Goretti en Cielo sulla palude, pero también cobra conciencia de que el final está cerca. La compañí­a de los viejos amigos, de la ex mujer y Sébastien (y de su hija por la ví­a cibernáutica) es un elemento fundamental para que Rémy tenga una buena muerte.

MUERTE Y POLTICA

Para Rémy, la historia de la humanidad es "una sucesión de abominaciones, una larga cadena de invasiones bárbaras". Un policí­a explica a Sébastien que la oferta de droga en Montreal se debe a la invasión de iraní­es, turcos e italianos. Arcand toma postura: en esta pelí­cula los personajes principales son blancos, francófonos, "gente civilizada" que se comporta a la altura, incluso, en este idí­lico Quebec, los junkies y traficantes de droga –adictos funcionales– se salvan del estereotipo de "escoria social" y de la satanización hollywoodense.

Hay una escena que alude al tí­tulo original de la pelí­cula: Les invasions barbares. En un televisor del hospital se observan las imágenes del atentado terrorista del 11 de septiembre en Nueva York. Después del impacto del segundo avión, escuchamos el comentario del joven intelectual Alain Lussier: "El 11 de septiembre marcó el comienzo de las invasiones bárbaras." Alain Lussier es el niño estudioso de La decadencia del imperio americano. Ahora, diecisiete años después, es el representante de la nueva generación de intelectuales en Montreal; es decir, el sucesor de Rémy y amigos.

Rémy es un hombre culto, un académico que no niega su idealismo de izquierda, pero que sabe burlarse de las utopí­as intelectuales que siempre defendió. Arcand lo ilustra en el siguiente pasaje: Rémy siempre apoyó el sistema de salud pública (subsidiado por el Estado) en Montreal; sin embargo, cuando Sébastien corrompe a una funcionaria del hospital para conseguir un cuarto privado, Rémy no duda un instante para dejar la habitación que compartí­a con otros moribundos. Arcand le pega con fina ironí­a tanto al socialismo (Rémy) como al capitalismo (Sébastien); el único ismo que se salva es el human...

Mis últimos dí­as. Las invasiones bárbaras se sostiene sobre el factor inteligencia. No obstante la ambivalencia del discurso, Arcand logra un lúcido y divertido ensayo-ficción sobre la muerte.

http://www.jornada.unam.mx/2004/may04/040530/sem-cara.html

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