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EL CUIDADO DEL MEDIO AMBIENTE INCUMBE TAMBIÉN A LOS PSICÓLOGOS

Imagen de gamd

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06:00 hrs. Octubre 10 de 2003

Boletí­n UNAM-DGCS-759

Ciudad Universitaria

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EL CUIDADO DEL MEDIO AMBIENTE INCUMBE TAMBIÉN A LOS PSICÓLOGOS

í‚· Estos profesionales pueden acelerar el proceso de toma de conciencia y traducirlo en voluntades de transformación y cambio de actitud

í‚· No obstante, costará mucho trabajo que la humanidad adopte medidas preventivas

í‚· Aseguró en la UNAM Fernando Tudela Abad, investigador de El Colegio de México

Lograr que los seres humanos se preocupen y cuiden el medio ambiente no incumbe sólo a politólogos, quí­micos o ecólogos, sino también a psicólogos, quienes pueden acelerar el proceso de toma de conciencia y traducirlo en voluntades de transformación y cambio de actitud, destacó Fernando Tudela Abad, de El Colegio de México.

Cambiar hábitos, polí­ticas o instituciones conlleva un esfuerzo social y personal, en donde entra la dimensión psicológica, explicó. Ello porque los seres humanos enfrentan dificultades para asimilar hechos negativos, traumáticos o difí­ciles –como los desastres naturales–, que retardan la movilización de la sociedad civil y polí­tica.

Durante la conferencia Percepción de riesgos en relación con desastres naturales, efectuada en el Salón de Actos del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, el investigador resaltó el lento avance de la concientización en la humanidad hacia la conservación del medio ambiente.

Expresó que costará mucho trabajo que nuestra especie reaccione con medidas preventivas, pues nuestros sistemas educativos y sociales no valoran los proyectos a largo plazo, incluidos el desarrollo sustentable y el cuidado de la naturaleza.

Destacó que un dólar gastado en gestión del riesgo aplicado a desastres naturales, podrí­a ahorrar por lo menos otros siete en atención cuando ya ocurrieron. Como negocio es redondo, señaló, pero es difí­cil “que se asimile esta información; es realmente un desafí­o de enormes proporciones”.

Tudela Abad resaltó las dificultades para que la población entienda las amenazas, “por eso resulta tan complicado decirle a una familia asentada en esta ciudad, en una barranca, que si no es por atención a su propia supervivencia, sino la de sus hijos menores –quienes no pueden decidir–, cambien de lugar”.

Hay otras dimensiones del medio ambiente que son catástrofes “en cámara lenta, esto es, se van fraguando poco a poco”. En estos casos, destacó, se pierde toda conexión con el riesgo. “Todo mundo piensa que los accidentes o las enfermedades graves son algo que le sucede a los demás, nunca a uno”, aseguró.

“La especie humana, transformada en epidemia ecológica, es equivalente a un asteoride que cae sobre la Tierra y levanta tanto polvo como un invierno nuclear, lo cual extermina a los dinosaurios. Con una serie de bombas atómicas hubiésemos acelerado un proceso que de todas maneras, a escala geológica, es casi instantáneo”, advirtió.

Las preguntas, entonces, no girarí­an en torno a la afectación para el planeta, sino a los seres humanos: cuál es nuestro riesgo como especie, a qué somos susceptibles o vulnerables. Esta inquietud, comentó, es difí­cil de transmitir, pues lo cotidiano no considera la destrucción de los hábitats y las amenazas a los sistemas de quienes depende la vida.

Diariamente, el individuo percibe problemas de corto plazo, como el empleo y la inseguridad, por ejemplo, los cuales configuran la agenda polí­tica, indicó durante el Primer Coloquio sobre Percepción y Comunicación de Riesgos Ambientales, organizado por la Facultad de Psicologí­a de la Universidad Nacional.

Por su parte, Adriana Oropeza Lliteras, encargada del Despacho del Centro de Estudios del Sector Privado para el Desarrollo Sustentable, reveló que en México aproximadamente, apenas el 21 por ciento de los desechos que se reportan recibe una disposición adecuada, mientras el restante 79 por ciento “está en algún lado”, como “barrancas, alcantarillas, fosas particulares, o terminan en calderas de baños públicos”. Incluso los estados del centro del paí­s –Jalisco y Veracruz– ocupan el primer lugar con tiraderos irregulares.

De esta forma, sucesos con impacto ambiental importante no generan reacciones adecuadas para atenderlos. Tenemos, aseguró, un fuerte rezago en la estructura del manejo de residuos peligrosos, lo cual sí­ es valorado en los mercados informales. “Hemos oí­do de las fortunas que tienen los lí­deres de los pepenadores”, aseguró al hablar sobre Riesgo ambiental y el sector privado en México.

Asimismo, comentó que no hay incentivos para invertir con capital o infraestructura ambiental. La regulación actual no faculta a ningún particular o público para ese tratamiento. En tanto, sólo hay un confinamiento de residuos peligrosos en el paí­s.

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