URGE RECUPERAR CUERPOS DE AGUA CONTAMINADOS

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06:00 hrs. Agosto 5 de 2003

Boletí­n UNAM-DGCS-596

Ciudad Universitaria

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URGE RECUPERAR CUERPOS DE AGUA CONTAMINADOS

í‚· La contaminación con materia orgánica o eutroficación representa una carrera contra el tiempo en lagos, lagunas y rí­os: Martí­n Merino Ibarra, del Instituto de Ciencias del Mar y Limnologí­a

í‚· Favorece la formación de organismos tóxicos y la mortandad masiva de peces, entre otras consecuencias

í‚· El lago de Valle de Bravo es uno de los ejemplos más graves de ese proceso en el paí­s

í‚· Para revertir este problema, los cientí­ficos han propuesto dejar no solo de verter descargas residuales, sino renovar el agua a través de un sistema de bombeo

México enfrenta un grave desabasto de agua potable, por lo que es urgente administrar adecuadamente el recurso y reciclarlo lo más posible, además de recuperar los cuerpos acuáticos contaminados con materia orgánica o eutroficados, aseguró el doctor Martí­n Merino, del Instituto de Ciencias del Mar y Limnologí­a (ICML) de la UNAM.

Tres cuartas partes de las aguas continentales del paí­s están parcial o gravemente afectadas y la mayorí­a de ellas presentan eutroficación, un problema, advirtió el cientí­fico, que representa una carrera contra el tiempo, aún más urgente que la registrada en el mar.

Cabe resaltar que las Estadí­sticas del agua en México 2003 y el Programa Nacional Hidráulico 2001-2006, editados por la Comisión Nacional del Agua, señalan que a lo largo del territorio se desarrollan 11 mil 600 kilómetros de litoral, 1.5 millones de hectáreas de lagunas costeras y 2.9 millones de hectáreas de cuerpos de agua interiores.

Asimismo, la precipitación media histórica –1941-2001– fue de mil 528 kilómetros cúbicos (Km3), la recarga media de los acuí­feros es de 75 Km3, y una disponibilidad natural media por habitante de 4 mil 685 metros cúbicos para 2003.

Aunque en promedio la disponibilidad del lí­quido en nuestro paí­s es considerada alta, refirió, su distribución es desigual: la mayorí­a de la población se ubica en el centro y norte del territorio, pero el recurso hí­drico se halla, sobre todo, en el sureste.

Por ello, el valor principal de lagos, lagunas, rí­os y presas es el agua en sí­ misma; pero también, en muchas ocasiones poseen un potencial recreativo o pesquero, todo lo cual se ve alterado por las descargas de materia orgánica, compuesta esencialmente por carbono, hidrógeno, nitrógeno y fósforo.

Para revertir el problema, los cientí­ficos han propuesto dejar no solo de verter las descargas actuales, sino renovar el agua a través de un sistema de bombeo por energí­a de oleaje, diseñado por universitarios hace ya algún tiempo, el cual se puede emplear en todas las lagunas costeras del paí­s con resultados efectivos. Sin embargo, hasta ahora no se ha utilizado por falta de apoyo de las autoridades correspondientes.

En tierra, la eutroficación es aún más grave. Ejemplo de ello es el lago de Valle de Bravo, formado por el embalse de la presa Miguel Alemán, una de las principales fuentes de agua para el Distrito Federal, y que como Cancún, tiene gran valor recreativo, turí­stico y económico.

Tiene el mismo problema porque “no hay ninguna estrategia planeada para evitarlo. Todos los drenajes del pueblo terminan en la presa y el rí­o Amanalco arrastra hasta ella los desechos de la agricultura y de las plantas de piscicultura de truchas de la cuenca. Luego el agua se manda a nuestra ciudad”.

En Valle de Bravo el sistema es anóxico en su parte baja, pues tiene una profundidad promedio de 21 metros y máxima de 35, durante tres cuartas partes del año, cuando no se mezclan las capas de agua. También ha registrado “florecimientos” o aumento de la producción primaria de algas y cianobacterias tóxicas, como microcistis, que pueden producir dermatitis o alteraciones al sistema nervioso y el hí­gado.

La solución en este caso consiste, como en Cancún, en dejar de depositar ahí­ los desechos. Pero, ¿qué hacer con lo anteriormente descargados? “Una vez reducido el flujo de nutrientes podemos acelerar el proceso de recuperación mediante un manejo ecológico, por ejemplo, al introducir peces que se alimenten del exceso de algas”, afirmó.

El también coordinador del Posgrado en Ciencias del Mar y Limnologí­a de la UNAM diferenció entre las aguas eutróficas, enriquecidas con nutrientes, turbias, verdes o cafés, como en Veracruz o los canales de Xochimilco; de las oligotróficas, pobres, transparentes y azules, como en el Caribe, donde viven diferentes tipos de flora y fauna.

“Hay organismos que se desarrollan muy bien en condiciones de poca disponibilidad de nutrientes; pero cuando éstos aumentan a través de nuestras descargas dejan de limitar a los productores primarios, y en esas condiciones la competencia entre ellos favorece el incremento de especies tóxicas. Por eso son más frecuentes las mareas rojas”.

Lo mismo ocurre en los sistemas continentales, donde en mayor medida “aceleramos un proceso que de forma natural se presentarí­a a un ritmo mucho más lento. En los cuerpos de agua depositamos fertilizantes, restos de comida y de animales provenientes de los rastros, más los desechos orgánicos de todos nosotros”.

Eventualmente, precisó, tales desperdicios se convierten en nutrientes que terminan por sobrefertilizar el agua. El mar tiene dimensiones muy grandes por lo que será afectado en el mediano plazo; pero las aguas continentales ya enfrentan las graves consecuencias del hecho.

Si la sobrefertilización significara una mayor producción pesquera serí­a magnifico, pero no sucede así­ porque los productores primarios –base de la cadena trófica, como el fitoplancton– tienden a volverse tóxicos para el zooplancton y el resto de los eslabones de la cadena alimenticia, incluyendo a los humanos.

Otra consecuencia del fenómeno es el agotamiento de oxí­geno que provoca en el medio acuático. En la naturaleza todo funciona mediante el reciclaje; unos organismos mueren y otros se los comen, es decir, las bacterias degradan y remineralizan la materia orgánica, como ocurre en los cementerios.

Ese proceso consume oxí­geno, añadió Martí­n Merino. En el medio terrestre, donde hay una atmósfera que contiene 21 por ciento de ese gas, únicamente huele mal. Pero en el acuático existe en cantidades mucho menores.

Cuando el sistema está sobrefertilizado contiene en la capa superior una mayor cantidad de algas que al morir y ser remineralizadas pueden consumir todo el oxí­geno. A su vez, las altas densidades de ellas limitan el paso de la luz impidiendo la fotosí­ntesis a mayor profundidad.

Por ello, en esos cuerpos de agua la parte inferior es anóxica, o sea, sin oxí­geno, elemento indispensable para todos los organismos superiores. “Cuando la falta de ese gas se extiende a todo el cuerpo de agua, se presentan las tí­picas mortandades de peces”.

De modo adicional, al terminarse el oxí­geno se vuelve más lenta la degradación de la materia orgánica y otros oxidantes, como el nitrato y el sulfato, entran en acción. Estos últimos producen sulfhí­drico que huele a huevos podridos. Otro problema no menos importante es la “estética” turbia de las aguas.

De ahí­ la importancia de estudiar la dinámica de la producción primaria, cuántos nutrientes entran al sistema, cómo podemos deshacernos de ellos, la regulación de los organismos tóxicos, entre otras cuestiones.

El doctor Merino ha efectuado estudios al respecto en la laguna de Cancún que aún tiene oxí­geno, pero cuyas aguas son verdes, llenas de algas y pastos, con olor a sulfhí­drico. Se trata de un cuerpo de agua somero y cerrado, con poco intercambio de agua, por lo cual, de forma natural está eutroficado, pero las descargas de los restaurantes, el drenaje y los fertilizantes del club de golf anexo han empeorado su situación.

Esta dificultad no se resuelve con el tratamiento de las aguas, aclaró, pues este proceso sólo elimina las bacterias patógenas. Se necesita, en todo caso, un sistema de ultrapurificación muy caro.

En opinión de Martí­n Merino los sistemas naturales deben usarse de modo sostenible. De no hacerlo, los cuerpos de agua dulce del continente eventualmente se perderán, y los marinos, en las costas, modificarán sus comunidades.

“En los arrecifes de Quintana Roo cada vez hay más algas y menos corales. Ello puede provocar la pérdida de la riqueza de los organismos, de su belleza y valor ecológico, turí­stico y económico, porque donde hay gran biodiversidad hay grandes posibilidades de obtener sustancias bioactivas y posibles fármacos. Los costos de esta transformación pueden ser enormes”, advirtió.

Para el experto, el estudio de Valle de Bravo tiene el objetivo de entender la ecologí­a del sistema y producir recomendaciones económicas y operativamente viables para administrarlo, para convertirlo en un ejemplo exitoso de rescate que pueda ser aplicado en otros sitios del paí­s, para lo cual se necesitarán recursos y apoyo de las autoridades correspondientes y de la sociedad en general.

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