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DESCONOCIDAS, EL 95 POR CIENTO DE LAS ESPECIES DE HONGOS EN MÉXICO: TEÓFILO HERR

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06:00 hrs. Julio 24 de 2003

Boletí­n UNAM-DGCS-571

Ciudad Universitaria

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DESCONOCIDAS, EL 95 POR CIENTO DE LAS ESPECIES DE HONGOS EN MÉXICO: TEÓFILO HERRERA

í‚· El investigador emérito de la UNAM informó que, según cálculos, en el mundo hay millón y medio de variedades de hongos, mientras en México son 60 mil y sólo conocemos el 4.5%

í‚· Se estima que alrededor de 20 o 25 por ciento de las especies que hay en nuestro territorio son comestibles

í‚· Reconoció que hay variedades de hongos tan tóxicas que basta consumir un fragmento para que provoquen la muerte

En todo el mundo existen alrededor de millón y medio de especies de hongos, y en México por lo menos hay unas 60 mil, de las cuales sólo se conoce el 4.5 por ciento de las variedades; el resto están por estudiarse o no se han descubierto, aseguró Teófilo Herrera Suárez, del Instituto de Biologí­a (IB) de la UNAM.

El investigador emérito de la UNAM, y quien ha dedicado más de 50 años a investigar estos organismos, señaló que se piensa que sólo entre 20 y 25 por ciento de esas 60 mil especies en nuestro paí­s, son comestibles.

Además, de esas 60 mil, explicó, es difí­cil establecer una cifra de especies endémicas, debido a que los hongos tienden a ser cosmopolitas, es decir, suelen distribuirse alrededor del planeta, aunque sí­ existen ciertos grupos que sólo crecen en nuestro territorio.

Se puede afirmar, por ejemplo, que las variedades nuevas, las que han sido descritas recientemente por la ciencia, son propias del paí­s; es decir, varios cientos de ellas son endémicas, aunque otras comparten ubicación en Europa, Asia y Norteamérica.

Grandes, pequeños o microscópicos; claros, oscuros o de colores intensos; comestibles, tóxicos, de ornato, medicinales o sin ninguna utilidad, los hongos se han convertido en una de las opciones más importantes de alimentación en el mundo, por su rico contenido nutritivo, su gran variedad y fácil reproducción.

Teófilo Herrera resaltó que ciertas especies conocidas son muy venenosas o representan un peligro para el ser humano, aunque son minorí­a. “Algunas de ellas son tan tóxicas que basta con comer un fragmento para que provoquen la muerte. Por ello, si no se conocen los hongos es mejor no consumirlos”, aseveró.

El cientí­fico ejemplificó con las especies del género amanita –como el hongo muscaria-, caracterizadas por su color rojo con verrugas blancas, que son dañinas pero no mortales, aunque sí­ tienen efectos alucinógenos. Sólo se conocen diez variedades tóxicas, muy venenosas y mortales; es decir, son pocas las que representan un serio peligro para la salud.

Herrera Suárez explicó lo difí­cil que resulta distinguir, a simple vista, entre un hongo comestible y otro venenoso, “por eso cada año se registran muchos casos de intoxicación por su consumo. Sólo con mucha experiencia pueden ser diferenciados”, explicó.

No hay regla que determine que tal o cual hongo, con ciertas caracterí­sticas de vistosidad, color o textura, sea tóxico o comestible. Existen ejemplares de tonos muy intensos que son comestibles, pero que por su forma podrí­a creerse que son venenosos.

Añadió que, por lo general, los indí­genas los reconocen con mayor facilidad. Pero aún entre ellos hay intoxicaciones, en especial cuando encomiendan la recolección del producto a los niños, que no tienen experiencia y los confunden. Algo similar ocurre con las personas que van de la ciudad al campo a recolectarlos.

El maestro emérito sostuvo que hasta hace unas décadas los hongos eran estudiados como parte del reino vegetal; sin embargo, por la gran cantidad de especies encontradas, hoy se analizan como grupo aparte, en el reino de los hongos o fungi.

Mencionó que el futuro de los hongos en México es muy importante, porque cada vez se analizan con mayor profundidad y con métodos nuevos. Por ejemplo, los especialistas estudian la taxonomí­a molecular para precisar el conocimiento í­ntimo de la estructura de dichos organismos, y el parentesco entre ellos.

Es decir –añadió- ya no se hacen estudios tomando en cuenta sólo caracteres morfológicos, sino también la estructura interna del hongo, lo cual es posible mediante la taxonomí­a molecular, hoy de moda, que implica un alto costo por las sustancias empleadas en su reconocimiento.

Sin embargo, algunas variedades de esos organismos han desaparecido y otras se encuentran en peligro de extinción. Muchos de ellos crecen en forma abundante sin riesgo alguno, pero otras más están amenazadas, reconoció.

Aclaró que las variedades amenazadas son, en especial, las endémicas, por su distribución restringida, ya que crecen sólo en determinados lugares y ambientes. Por lo general, cuando un medio se deteriora o es destruido –como un bosque- lo mismo sucede con gran parte o todos los organismos que hay en él, y los primeros en perecer son los hongos, que viven generalmente en los árboles.

Por ello, comentó Herrera, “debemos cuidar el ambiente, resguardar los bosques, y propagarlos. Ese es el factor más importante para conservar la vegetación y preservar los hongos”.

Los hongos se encuentran distribuidos de manera amplia en todo el paí­s, sobretodo en los bosques de coní­feras, de encinos o de pinos, así­ como en las llanuras, aunque su crecimiento es posible en cualquier medio. Las entidades más ricas en la producción de estos organismos son las que cuentan con bosques, sobretodo húmedos.

Para subsistir, aclaró, el bosque también necesita de los hongos, ya que forman en las raí­ces de los árboles asociaciones simbióticas llamadas micorrizas –que significa hongo raí­z-, indispensables para la vida del arbusto.

A medida que crece, el árbol pierde raí­ces, que son sustituidas por hongos, quienes permiten que el árbol absorba agua y lo dotan de otras sustancias nutritivas, que después le servirán para efectuar la fotosí­ntesis. La planta, por su parte, devuelve al hongo elementos procesados, como azúcares, para su alimentación.

El investigador también sostuvo que las especies cultivadas para consumo humano son muy pocas. Por lo general las que se reproducen para su comercialización son del género pleuropus, conocidas como orejas y setas, así­ como el champiñón. Pero otras no se pueden sembrar porque necesitan del árbol para su desarrollo.

Por ejemplo, las amanitas, las pancitas o los pambazos –de gran demanda en el mercado-, no se han logrado cultivar porque forman asociaciones í­ntimas con las raí­ces de los árboles, y sin éstos no es posible propagarlas por medios artificiales, como ocurre con el champiñón.

Los hongos comestibles tienen gran valor nutritivo, pues poseen proteí­nas, vitaminas, y bajas cantidades de grasa. Por ello, se les considera un alimento dietético, que no provoca obesidad. Incluso, suelen ser comparados con la carne.

Estos organismos son consumidos de manera aceptable por la población. Las cosechas se venden o exportan, reportando ingresos importantes para los indí­genas. Si bien este producto es accesible, en algunas épocas del año no es barato.

El investigador del Instituto de Biologí­a explicó que los hongos son organismos eucariotas, normalmente multinucleados, que se reproducen por medio de esporas, móviles o inmóviles, sexuales o asexuales. Son heterótrofos, sin clorofila, y se alimentan por absorción.

La mayor parte de ellos descomponen la materia muerta (son saprofitos), y juegan un papel vital en el mantenimiento de los ecosistemas, reciclando la materia orgánica que luego podrá ser utilizada por los vegetales.

Asimismo, existen miles de especies que parasitan a las plantas; pero sólo unas 50 variedades provocan enfermedades en los humanos, como las micosis en diferentes partes del cuerpo.

Además, los hongos tienen infinidad de aplicaciones en el sector industrial. Las levaduras, por ejemplo, son la base para el sector cervecero y vitiviní­cola. También son importantes en la fitopatologí­a, la agricultura, la medicina y la medicina veterinaria.

Hoy dí­a, el emérito universitario estudia la distribución de los hongos macromicetos en diferentes zonas de la República, como valle de México, Pedregal de San Ángel, Reserva Ecológica del Pedregal, Sonora y Campeche, donde ha encontrado una diversidad importante, tanto de variedades comestibles como tóxicas.

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