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Arboles Lunares en la Tierra!

Leo en la página de la NASA la historia de los árboles lunares, en donde cuentan como algunas semillas de varios árboles fueron llevadas a la luna y regresadas a la tierra, al igual que después de ciertas variables fueron plantados y observados para poder comparar su comportamiento con aquellos que sus semillas no han viajado a la luna.

Observando que los árboles no... mejor checa la nota completa y enterate de como es que en la tierra hay muchisimos árboles lunares y de todo lo referente a ellos.

http://ciencia.msfc.nasa.gov/headlines/y2002/13aug_moontrees.htm



http://ciencia.msfc.nasa.gov/headlines/y2002/13aug_moontrees.htm



En Busca de los Árboles Lunares

Cientos de árboles han visitado la Luna. Cómo llegaron allá y regresaron a la Tierra es una historia sorprendente.

Agosto 13, 2002: Dispersas alrededor de nuestro planeta hay cientos de criaturas que han estado en la Luna y han regresado. Ninguna de ellas es humana. Superan en número a los astronautas activos por un factor de 3 a 1. Y la mayorí­a se encuentra perdida.

Son árboles. "Árboles Lunares".

El cientí­fico Dave Williams de la NASA ha encontrado 40 de ellos y continúa buscando más. "Eran apenas semillas cuando salieron de la Tierra en 1971, a bordo del Apolo 14", explica Williams. "Ahora ya están completamente desarrollados. Parecen árboles ordinarios -- pero son especiales porque han estado en la Luna".

Cómo llegaron allá y regresaron es una historia asombrosa.

La historia comienza en 1953 cuando Stuart Roosa aterrizó con un paracaí­das sobre un incendio forestal. Poco antes habí­a aceptado un trabajo de verano como "saltador de humo" del Servicio Forestal de los EU, y solí­a lanzarse con paracaí­das sobre incendios naturales para luego luchar hasta apagarlos. El deseo de aventuras fue probablemente lo que atrajo a Roosa por primera vez a este trabajo, pero pronto se dio cuenta de que también lo hací­a porque amaba a los bosques. "Mi padre sentí­a gran afinidad por los campos abiertos", recuerda el Teniente Coronel de la Fuerza Aérea Estadounidense Jack Roosa, hijo de Stuart. "Continuamente se acordaba de los altí­simos pinos Ponderosa que tanto admiró durante sus dí­as de saltador de humo".

Trece años más tarde, la NASA invitó a Roosa, quien para entonces ya era piloto de pruebas de la Fuerza Aérea, a unirse al programa de reclutamiento de astronautas. Él aceptó. Roosa, Ed Mitchell y Al Shepard eventualmente formaron la primera tripulación del Apolo 14, programado para lanzamiento en 1971.

"A cada astronauta del Apolo se le permitió llevar consigo un pequeño número de objetos personales a la Luna", continuó diciendo Jack. Sus PPKs (siglas en inglés de Personal Preference Kits ó Estuches de Objetos Personales) muy a menudo iban llenos de baratijas -- monedas, estampillas o parches de misión. Al Shepard llevó pelotas de golf. A bordo del Gemini 3, John Young llevó un emparedado de carne a la pimienta. "Mi padre escogió árboles", dice Jack. "Era su manera de rendir tributo al Servicio Forestal de los EU".

Y el Servicio Forestal quedó encantado.

"Fue en parte ciencia y en parte publicidad", rí­e Stan Krugman, quien era director de personal del área de investigaciones en genética forestal, del Servicio Forestal de los EU en 1971. "Los cientí­ficos deseaban averiguar qué les ocurrirí­a a las semillas si hicieran un viaje a la Luna. ¿Germinarí­an? ¿Se desarrollarí­an como árboles normales?" En aquellos dí­as los biólogos habí­an llevado a cabo muy pocos experimentos en el espacio. "También deseábamos regalar las semillas como parte de la celebración de nuestro Bicentenario en 1976".

El propio Krugman seleccionó las variedades: Secoyas, Pinos Loblolly, Sicomoros, Abetos Douglas y Roble Español (sweetgum en inglés). Escogí­ las secoyas porque son muy conocidas, y las otras porque crecen muy bien en muchas partes de los Estados Unidos", explicó. "Las semillas provení­an de dos institutos de genética del Servicio Forestal. En la mayorí­a de los casos, conocí­amos a sus progenitores (un requisito clave para cualquier estudio genético posterior al viaje)".

El 31 de enero de 1971, el Apolo 14 despegó de la Tierra. Soló Shepard y Mitchell caminaron sobre la Luna. El 5 de febrero los astronautas alunizaron con su famoso módulo lunar Antares en Fra Mauro -- un área montañosa donde Shepard lanzó sus famosas pelotas de golf, usando una herramienta para geologí­a como palo. Roosa permaneció en órbita como piloto del módulo de comando de la misión, el Kitty Hawk. Dentro de su estuche personal habí­a un cilindro de metal de 15 por 8 cm, lleno de semillas. Juntos, dieron 34 vueltas alrededor de la Luna.

Arriba: Stuart Roosa, piloto del módulo de comando del Apolo 14 en 1971.

El Apolo 14 fue un éxito. Los cientí­ficos se encontraban encantados con los experimentos de geologí­a de la misión y estaban ansiosos por estudiar los 43 kilogramos de rocas lunares recolectadas por Shepard y Mitchell. Krugman estaba igual de ansioso por estudiar las semillas.

"Un incidente nos causó aprensión", recuerda Krugman. Durante los procedimientos de descontaminación, el cilindro con las semillas fue expuesto al vací­o y se abrió. Las semillas se dispersaron y resultaron traumatizadas. "No estábamos seguros de que aún fuesen viables", dice. Manualmente, Krugman separó cuidadosamente las semillas por especies y las envió a los laboratorios del Servicio Forestal en Mississippi y California. A pesar del accidente, casi todas las semillas germinaron. "Tení­amos [cientos de] brotes que habí­an estado en la Luna. Treinta y un años después, Krugman aún suena emocionado.

Durante los años que siguieron, los árboles progresaron mientras los cientí­ficos los observaban. "Los árboles crecieron normalmente", continuó. "Se reprodujeron con árboles comunes terrestres, y sus descendientes, llamados árboles semi-lunares, fueron también normales". (Él hace notar sin embargo, que los análisis de ADN no se hací­an en forma rutinaria a principios de los años 70, y por ello los árboles lunares no fueron analizados de esta manera. Podrí­an existir diferencias sutiles aún por descubrir).

Finalmente, en 1975, se encontraban listos para salir del laboratorio. "Fue entonces cuando las cosas se salieron de control", dice.

Todo el mundo querí­a un árbol lunar. En 1975 y 1976, algunos árboles fueron enviados a la Casa Blanca, a la Plaza de la Independencia en Filadelfia, y al Valle de Forge. "Un árbol fue enviado al emperador del Japón. Los senadores querí­an árboles para inaugurar edificios. Incluso hicimos algunas plantaciones en Nueva Orleans porque el alcalde, de apellido Moon (Luna en inglés), querí­a algunos", dice Krugman. Habí­a tantas solicitudes que "tuvimos que producir brotes adicionales a partir de injertos de los árboles originales".

Nadie se preocupó de llevar un registro sistemático, anota Dave Williams. Por esto, la localización de los árboles lunares es hoy en dí­a casi totalmente desconocida.

Arriba: Un árbol lunar en el Centro de Vuelos Espaciales Goddard (Goddard Space Flight Center) de la NASA.

Uno de ellos fue a un campamento de las Niñas Exploradoras en Cannelton, Indiana, donde la maestra de 3er grado Joan Goble lo encontró en 1996. (Ella sabí­a que era un árbol lunar porque un letrero así­ lo indicaba. La mayorí­a de los árboles lunares fueron plantados como parte de una ceremonia; por esto, usualmente hay alguna señal o placa cerca que los identifica). "Mis estudiantes lo adoran", dice. "Parece un árbol ordinario, pero ellos sienten que es especial porque viajó a la Luna". Jack Rossa se ha convertido desde entonces en un amigo cercano de la clase de Goble, animando a los niños a explorar y a aprender, como lo hizo su padre.

Cuando Goble contactó a Dave Williams para pedirle más información sobre los árboles lunares, "yo no sabí­a nada al respecto", admite Williams. Como muchas otras personas que eran aún muy jóvenes en la década de los 70's, Williams nunca habí­a oí­do hablar de tales árboles, pero pronto se convirtió en un entusiasta. "Encontré un árbol lunar en Goddard, justo al lado de mi oficina", rí­e. "No tení­a idea de que estaba allí­".

A menudo, es así­ como son descubiertos -- por accidente. Williams ahora mantiene un portal de Internet donde se encuentra una lista de todos los árboles conocidos. Si de repente, usted se encuentra con uno, póngase en contacto con Dave. Él investigará el hallazgo y lo agregará a su colección, si es que es auténtico.

Abajo: Los alumnos de la clase de 3er grado de la profesora Goble hicieron este letrero para su árbol lunar en Indiana. Se lee en el: "Este árbol Sicomoro creció de una semilla que viajó a la Luna y de regreso en el Apolo XIV en enero de 1971. Presentado al Campamento Koch en 1971. Rededicado el 26 de febrero de 1997. Larga vida a nuestro hermoso árbol lunar". [más información]

Los árboles lunares son de larga vida, añade Krugman. Las secoyas pueden durar miles de años, y los pinos tienen una expectativa de vida que se mide en siglos. De hecho, ya han vivido más que Stuart Roosa y Al Shepard -- dos de los humanos que los llevaron consigo a la Luna.

Dice Jack, "creo que mi padre siempre pensó que éstos árboles servirí­an como un recuerdo imperecedero y viviente de la conquista más grande de la humanidad -- las misiones tripuladas a la Luna". Desde luego, si los humanos no regresan pronto, los árboles lunares podrí­an ser los únicos seres vivientes que hayan visitado la Luna. Esto es algo que probablemente Stuart nunca se habrí­a imaginado.

Jack, sin embargo, es optimista: "Estos árboles estarán aquí­ dentro de 100 años", dice. "Para entonces yo creo que estaremos plantando árboles marcianos justo al lado de ellos".

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