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Debido a la enseñanza mala se reduce el número de lectores.

Guillermo Carnero: í‚«Los lectores se van reduciendo por el desastre de la enseñanzaí‚»



Erudito e intimista, Guillermo Carnero fue un poeta


í‚«noví­simoí‚». Apasionado de la literatura romántica española, ha recibido recientemente el premio Fastenrath por su libro í‚«Verano inglésí‚»



Para continuar con la entrevista, ir a la sección Leer Más..., ó visite la página La Razón Digital

Marí­a Asunción MATEO


Guillermo Carnero pertenece, literariamente, a la í‚«Generación del 68í‚» o de los í‚«Noví­simosí‚», como la bautizó José Marí­a Castellet en su conocida antologí­a. No tiene la imagen tópica de un poeta 킬aunque lo es, y grande킬, más bien la de un intelectual que, además, es economista, filólogo, ensayista y catedrático de literatura española en la Universidad de Alicante.


Alto, de austera delgadez, cabello cano y sonrisa en estrecha complicidad con una mirada azul de inteligente ironí­a, Carnero es un ser afable, con agudo sentido del humor, conversador brillante, apasionado por su trabajo que defiende con palabra serena y enérgica que, apenas, denota su procedencia valenciana. Especialista en literatura española y comparada de los siglos XVIII y XIX y las vanguardias del XX, autor de poemarios como í‚«Libro de horasí‚», í‚«El sueño de Escipióní‚», í‚«Música para fuegos de artificioí‚» o í‚«Verano inglésí‚», por el que ha recibido recientemente el premio Fastenrath de la RAE, y al que ya en 2000 se le otorgó el Premio Nacional de Poesí­a y el Nacional de Crí­tica al siguiente año.


킬¿Cuántos premios para un solo libro!


킬Sí­, pero no supone un cambio en mi manera de escribir, que contiene siempre tres ingredientes: í‚«intimismoí‚», para dar cuenta de mis problemas, de mis interrogaciones y fantasmas; í‚«culturalismoí‚», las referencias a la historia del arte o de la literatura que vienen dadas, y í‚«metapoesí­aí‚», que para mí­ es un problema í­ntimo ¿Cómo voy a solucionar mis angustias y mis dudas escribiendo libros de otra manera?



Gimferrer y Biedma



킬¿En 1970 sabí­a que Castellet lo incluí­a en su antologí­a?


킬No, qué va. Me enteré por Carlos Barral de que la preparaba, pero desconocí­a si estaba en ella. Yo era, y soy, muy amigo de Gimferrer, también lo fui de Gil de Biedma y disfrutaba con la esgrima intelectual que siempre te poní­a a prueba. Era un especialista en el juego de inquietar e irritar a la persona que tení­a enfrente para ver si estaba a la altura, una especie de rito iniciático que habí­a que superar dí­a tras dí­a y nunca sabí­as si aprobabas. También intervení­an en ese juego Gabriel Ferrater y Barral, que tení­a una enorme cultura, pero era menos dado a la esgrima y al humor que Jaime.


킬¿Nunca le atrajo la novela?


킬No. El poeta, ante todo, escribe para sí­, pero como habla de cosas que forman parte de la naturaleza humana puede interesar a otros. En cambio, el novelista tiene otra actitud ante la vida, se sitúa en distintas personas. No es que no me interesen los demás, pero me preocupa más el reflejo del mundo y de los otros en mis propios sentimientos. No conozco a ningún gran novelista que haya sido, a la vez, un gran poeta y le hablo de escritores tan queridos como Juan Benet, Garcí­a Hortelano... Los mismos poemas de Lezama Lima no tienen entidad, incluso le dirí­a que los de Borges.


킬¿Y Octavio Paz?


킬Fundamentalmente era poeta. De joven, su poesí­a no me interesaba y cometí­ la torpeza de decirlo, creo que no me lo perdonó nunca. Luego, lo he leí­do con atención y me ha parecido uno de los grandes poetas de este siglo. í‚«Piedra de solí‚» es el libro suyo que más me interesa, es tan multiforme... í‚«El mono dramáticoí‚», aunque parezca una crónica de viajes o un ensayo, es un libro de poesí­a. Y su crí­tica es la de un poeta, en el mejor sentido de la palabra, como la de Eliot, hecha desde dentro de la literatura y que conoce sus mecanismos creativos.


킬¿Por qué su ensayo sobre Espronceda?


킬El Romanticismo me atrae en su momento inicial, en el XVIII, cuando se descubre por primera vez la expresión de los sentimientos y de la personalidad. Es una conquista indudable del discurso literario occidental, pero llega un momento en que la reiteración de ese tipo de discurso confesional, egocéntrico y primario, se agota. De Espronceda me interesó la autocrí­tica que hace en í‚«El diablo mundoí‚» del Romanticismo, que es metapoesí­a. Después, hay ya que hacer otra cosa, la poesí­a romántica a la manera de Zorrilla es imposible. Y se hizo otra cosa, por ejemplo Campoamor.


킬Hábleme de él.


킬Tení­a unas ideas muy interesantes, pero una práctica literaria fatal. Es un poeta casi cómico que me divierte y me enseña mucho acerca de las limitaciones de la sociedad de su época, del poco alcance intelectual de España en la segunda parte del XIX. Para hacer poesí­a con el lenguaje cotidiano hay que hacerlo también con el pensamiento y éste era de una ramplonerí­a y mediocridad enormes hasta en las mentes más preclaras, como Juan Valera. Qué hombre tan inteligente, pero qué cerrazón de horizontes intelectuales y qué incapacidad para dar el salto a la aventura. Valera tuvo de positivo plantearse en teorí­a el lenguaje cotidiano, lo que habí­a hecho Worsdworth, pero con un horizonte intelectual de la Inglaterra del XVIII y XIX. Campoamor era un descreí­do de los valores de su época, pero en vez de en rebeldí­a lo convirtió en chiste. Para eso prefiero a Espronceda y a Larra.


킬¿Y Bécquer?


킬Me interesan más sus í‚«Leyendasí‚» que las í‚«Rimasí‚». Tiene ese propósito campoamoriano de hacer poesí­a fácil, directa, inmediata, pero con un horizonte literario muy reducido que es contar la anécdota cotidiana, la del salón, pero eludió las razones últimas de su angustia, que lo habrí­an convertido en un Rimbaud. No llega a decir con sinceridad lo que siente, porque la sociedad en la que viví­a no se lo permití­a. El giro conservador que da el Romanticismo español a mitad de siglo es algo sobrecogedor. Si comparas í‚«Los amantes de Teruelí‚», el í‚«Mací­así‚», o í‚«Don Álvaro...í‚» con í‚«El hombre de mundoí‚» de Ventura de la Vega, te das cuenta hasta qué punto se ha reducido admitir la posibilidad de la transgresión.


킬¿Por qué ese desinterés literario hacia el siglo XVIII?


킬Es una tradición en la enseñanza y en la Universidad española, se consideraba un siglo sin interés, secundario. Aún hoy muchos especialistas mantienen que es una mala copia del Renacimiento. Y en él está el origen de la modernidad en todos los sentidos, la inocencia histórica con el que el XVIII se plantea la reforma y el cambio polí­tico no ha vuelto a darse. Es la primera vez que se intenta cambiar el mundo para hacer feliz a la humanidad, sin la mala conciencia que hoy se posee en cualquier ideologí­a, por progresista que sea, y que en literatura intenta expresarse desde el punto de vista emocional, al margen de clichés y retórica. A mí­ me parecen admirables algunos poemas eróticos y filosóficos de Meléndez Valdés en la expresión de las emociones personales y en la capacidad de integrar la manifestación de la individualidad con la solidaridad progresista en términos sociales. Samaniego, no, él escribí­a chistes de cuartel.


킬¿Y Jovellanos?


킬Hay un rótulo tópico escrito en la frente y es creerlo más revolucionario de lo que era. No era un demócrata en el sentido contemporáneo, sino un reformista í‚«gattopardescoí‚». Su í‚«Sátira a Ernestoí‚», sobre la mala educación de la nobleza, se lee al revés. Él no quiere cambiar la sociedad ni la estructura del poder, sino la incapacidad de la nobleza para seguir siendo la clase rectora, para ser digna de seguir representando su papel, si no vendrá la í‚«behetrí­aí‚», que es una institución medieval que consiste en que puedes elegir a tu señor, algo que a Jovellanos le parece infame.


킬Ha rescatado autores como Garcí­a Malo, Martí­nez Colomer...


킬Son autores del primer Romanticismo, de la época de Carlos IV, iniciadores de un tipo de novela origen de la narrativa moderna, con individuos que tienen que luchar con un medio adverso, que los pone en cuestión en términos sentimentales y los obliga a definirse, a reconstruirse, a autoanalizarse. Son los primeros novelistas a los que les interesa la mujer como personaje literario y en España es un fenómeno tardí­o, no tiene más que pensar en Richardson o Marivaux con í‚«La vida de Marianaí‚». Los románticos del XIX hicieron lo posible por enterrar a sus antecesores y parecer que partí­an de cero. Y desde la í‚«Vida de Torres Villarroelí‚» y í‚«Fray Gerundioí‚» hasta la novela histórica del Romanticismo español, hay una generación de novelistas del XVIII que les sirvieron en bandeja el Romanticismo a los del XIX.


킬Ha antologado a Gil Albert.


킬Sí­, que también es un prosista grandí­simo, sus memorias son una maravilla de creación literaria, se ha dicho que es el Proust español. Su libro í‚«Las ilusionesí‚», publicado en Buenos Aires en el 44, es el más insólito de la poesí­a del exilio, egocéntrico, dedicado a hablar de la belleza, de las flores. Me parece maravilloso que considere que la manera de liberarse de la derrota de la España republicana es olvidarse del exilio, de la polí­tica y de Franco. La obsesión permanente de rechazar cualquier tema que no sea el de los vencedores del 39, lleva al punto de que los enemigos no te permitan pensar en otra cosa más que en ellos, eso es una forma de darles la razón.



Ceguera en EEUU



킬Ha sido profesor en universidades americanas...


킬Sí­, en Berkeley, en Harvard... Los americanos tienen una mala conciencia ideológica y un extraño puritanismo, y la imagen del escritor que se opone al poder, que es su ví­ctima, al ser algo que desconocen, les produce una gran excitación. Más allá de Blas de Otero la poesí­a española no existe, y dentro del movimiento feminista, el equivalente es Gloria Fuertes, que es el Gabriel Celaya femenino. Harold Bloom en í‚«El canon occidentalí‚», dice que no se puede olvidar a Quevedo, Dante o Petrarca y estudiar las pintadas en los retretes, las canciones de los chicanos y de las poetisas paralí­ticas del Amazonas. Eso lo llama í‚«estudios lésbico-esquimalesí‚». En Harvard, el año 94, tuve mucha dificultad para encontrar alumnos para mis cursos de í‚«Literatura española del siglo XVIIIí‚» y í‚«Arte de la vanguardia históricaí‚», hací­a falta un mí­nimo de seis. Vi suprimir cursos sobre Quevedo porque no se matriculaba nadie y el curso de poetisas paralí­ticas o lesbianas tení­a treinta alumnos. Ése es el peligro de la Universidad americana, llevar hasta la ingenuidad el progresismo que en sí­ mismo es muy correcto, hay que proteger a las minorí­as pero no hasta el punto de creer que por ser mujer y paralí­tica eres mejor que Quevedo.


킬¿Goza de buena salud la poesí­a actual?


킬Sí­, de muy buena, hay muchas generaciones en activo, empezando por José Hierro y acabando en los que tienen ahora veinte años. Es un momento de cambio, porque cada equis años hay uno pendular. Y la alternativa a lo que hemos hecho y seguimos haciendo nosotros, ha estado vigente en la segunda mitad de los ochenta, de los noventa completos, y ya está pidiendo un relevo. La oferta es interesante y variada, buena parte de la poesí­a del 50 está activa y hay una tradición próxima, de poetas vivos, muy diversa, con la que un joven que quiera asumirla con responsabilidad tiene la posibilidad de hacer una sí­ntesis interesante.


킬¿Se siente un poeta reconocido?


킬Sí­, en la medida que se reconoce en poesí­a, no en el sentido de vender ejemplares como si fuera Harry Potter, eso sólo se consigue con la novela. Pero no me siento maltratado, al contrario, si en dos años se hacen dos ediciones de un libro es satisfactorio y de alguno he tenido cinco. Uno, en poesí­a, se siente insuficientemente leí­do, es algo casi inherente a ella, y los pocos lectores se van reduciendo por el desastre de la enseñanza. No se ha fomentado el amor a la literatura desde la Logse y hay que dar la batalla en la enseñanza media, en la Universidad ya es tarde. Yo estoy por completo de acuerdo con la reforma de la enseñanza, su degradación ha sido lamentable y hará falta muchos años para remontarla.


킬¿Es un hombre de izquierdas?


킬No sé muy bien que es ser un hombre de izquierdas, nunca he militado en ningún partido, soy más bien liberal, un individualista que ha estado fuera de los partidos í‚«por voluntad y por destinoí‚», como decí­a el conde de Villamediana. Y sólo cuando me han permitido hacer o decir algo sin exigirme un carné, yo he colaborado con quien me lo ha pedido. No recuerdo que me hayan excluido nunca.


킬¿Cómo se ha portado el PP con la cultura?


킬Yo no he visto sectarismo en estos últimos años, al contrario. Ni he tenido la sensación de que se me pidiera una definición más que la de ser tolerante, dialogante y liberal. En otros momentos sí­ he sentido que habí­a que pasar antes por la ventanilla. Estoy de acuerdo con la polí­tica económica del PP y con casi todo lo que está haciendo, la reforma de la enseñanza es la gran esperanza, la gran frustración es que no se hiciera hace veinte años.


킬¿Prepara algún libro?


킬Yo tengo una especie de perversión: el siglo XVIII, y estoy con una edición de un texto de Ignacio de Luzán, el í‚«Discurso apologéticoí‚», de enorme interés y erudición microscópica, del que sólo hay un ejemplar conocido. Son ochenta páginas, llenas de errores y erratas que no corrigió y publicó como respuesta a las objeciones que el í‚«Diario de los literatosí‚» hizo a su í‚«Poéticaí‚», lo único que se conoce suyo. Quiero reconstruir la formación erudita de Luzán y el sistema de pensamiento teórico con el que intentó justificar su í‚«Poéticaí‚» contra la crí­tica que se le hací­a: no respetar los valores de la tradición literaria española desde las ideas del Neoclasicismo. Y publicar su obra convenientemente, porque en la primera mitad del XVIII la historia de la imprenta es desastrosa, hasta Carlos III no hay una edición correcta.


킬¿Y poesí­a?


킬Yo escribo sólo cuando sopla la musa, pero no ocurre todos los dí­as. No quiero ser imitador de mí­ mismo y fabricar poemas, con voluntad se escribe ensayo y novela, poesí­a, no. Y en los intervalos me dedico a estas bizarrí­as de reconstruir los textos de Luzán y cosas semejantes. Pero cuando tengo que escribir un poema lo dejo todo, porque para mí­ es lo más importante... (í‚«Siempre llegamos pronto, o tarde, o nunca / a trenes que han salido o que no existen, / los cogemos en marcha / hacia cualquier lugar sin estación ni nombreí‚»).

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