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Esas malditas comillas
Ian Gibson, que ha copiado pasajes enteros de la í‚«Autobiografíaí‚» de Rubén Darío en su último libro, se suma a otros casos recientes de plagio
Para escribir í‚«Yo, Rubén Daríoí‚» (Aguilar), Ian Gibson ha reproducido pasajes enteros de la í‚«Autobiografíaí‚» del poeta nicaragíƒÂ¼ense padre del modernismo poético. El ensayista de origen irlandés se justifica: í‚«Un plagio siempre encubre sus fuentes; aquí no se encubre nadaí‚». Sin embargo, en la obra no se cita ningún texto de Darío para el redactado del libro. Reproducimos más párrafos del nuevo libro de Gibson que coinciden con el de Darío.
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La Razón Digital
Redacción - Madrid.-
La editorial Aguilar no ha querido atender las llamadas de este periódico sobre el plagio cometido por uno de sus autores. Un portavoz de este sello integrado en el Grupo Santillana restó importancia a este hecho y dijo que, como prueba de que no se daban por aludidos, Ian Gibson se había dedicado todo el día a conceder entrevistas. Como publicó el pasado viernes el suplemento de Libros y Arte de LA RAZÓN, CABALLO VERDE, Gibson copió párrafos enteros de la í‚«Autobiografíaí‚» de Rubén Darío en su libro í‚«Yo, Rubén Daríoí‚». Largos párrafos, páginas enteras en algunos casos, idénticos (ver recuadros en los que se comparan los textos de Gibson con los de Darío). En otros, alterando el orden de las palabras, sin citar ningún libro utilizado en la redacción de estas memorias noveladas en primera persona, aunque otras obras de Darío, como í‚«Historia de mis librosí‚», también han sido prolíferamente manejadas por el reconocido hispanista.
Según el propio Gibson, í‚«no he puesto comillas porque eso me parecía innecesarioí‚». Plagio o cuestión de comillas (í‚«plagioí‚», según el Diccionario de la RAE, es í‚«copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propiasí‚»), el responsable último es el escritor. En todos los contratos literarios existe una cláusula por la que se hace responsable al autor si infringe la Ley de Propiedad Intelectual (artículo 270 del Código Penal). Y aún así, ¿retirará la editorial Aguilar el libro de Gibson?
Las urgencias del contrato
¿Cómo es posible que un ensayista prestigioso como Ian Gibson, autor de la biografía de referencia sobre Lorca, haya cometido este error? Personas cercanas al escritor de origen irlandés, y nacionalizado español desde 1984, lo achacan a las í‚«urgenciasí‚» por cumplir sus compromisos con el Grupo Santillana, con quien ha firmado un contrato por el que escribirá una serie de libros a cambio de una cantidad económica anual. La sorpresa ha sido aún mayor si se compara con otros sonados casos de plagio en las letras españolas. Por la cantidad y el reconocimiento que tiene la obra de Gibson.
La historia de los plagios más recientes empezó con el de Ana Rosa Quintana. Esta periodista, que más tarde reconoció tener pocas ambiciones literarias (dijo que la novela se la había escrito un í‚«negroí‚», amanuense contratado), copió extensos párrafos de la novela í‚«Álbum de familiaí‚», de Danielle Steel, y de í‚«Mujeres de ojos grandesí‚», de Ángeles Mastretta. Con estos recortes í‚«escribióí‚» í‚«Sabor a hielí‚». Quintana pidió disculpas y la editorial Planeta retiró del mercado la novela, un precedente en la edición española.
Semanas después, un medio de comunicación recordó al secretario de Estado de Cultura, el poeta Luis Alberto de Cuenca, que había copiado una buena parte del texto í‚«La piratería clásicaí‚» del británico Philip Gosse. De Cuenca, que copió diez de las once páginas de este apéndice aparecido en España en 1935, lo utilizó en una conferencia y luego lo reprodujo en una colección de sus artículos. Entonces dijo que lo que había hecho era í‚«zurzirí‚», tarea que, por lo visto, es la que hacen otros í‚«humanistasí‚».
Más ejemplos
La llegada del ensayista y novelista Luis Racionero a la dirección de la Biblioteca Nacional fue celebrada con el hallazgo de que para su libro í‚«Atenas de Periclesí‚» (1993) había utilizado generosamente í‚«El legado de Greciaí‚» (1921), de Gilbert Murray. Racionero adujo que ese método de citar sin utilizar comillas se podría definir como í‚«intertextualidadí‚», que, según su criterio, no es lo mismo que copiar.
Seis meses después de este caso, en septiembre de 2001, la novelista Lucía Etxebarría sorprendía a la crítica especializada, que no dudó en ensalzar su primer libro de poesía, í‚«Estación de infiernoí‚». Pronto se descubrió que sus versos habían sido í‚«zurzidosí‚» con otros de su admirado poeta Antonio Colinas. En algunos versos había mantenido prácticamente el retal íntegro del autor de í‚«Sepulcro en Tarquiniaí‚». El argumento de Etxebarría fue que un escritor utiliza í‚«sus referentes literariosí‚», además de í‚«homenajear y citar a los autores que admiraí‚».