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El tema de los transgénicos y el maí­z contaminado sigue dando de que hablar.

Imagen de gamd

Ahora leo en el periódico la Jornada que Chapela aseguro que existe una campaña pagada por la “industria para desacreditar esta información”.



Chapela y Quist son autores del estudio publicado en la revista Nature que identifica contaminación del maí­z criollo con genes trangénicos en el valle de Oaxaca.



Por otro lado existe otra campaña que intenta desacreditar el estudio en ”AgBioWorld, coordinada por un profesor de genética molecular en la Universidad de Alabama”. Donde se rechaza la presencia de contaminación por maí­z transgenico en México.



“Mientras tanto el director de la Conabio, Jorge Soberón, sostuvo que los cuestionamientos a la investigación de Chapela no van dirigidos al resultado del análisis, sino a una fase del estudio”. “Hay un influyente grupo de cientí­ficos encargado de divulgar que los transgénicos no causan daños a la salud, y buscan dejar de lado el principio de precaución, de que mientras no se comprueben beneficios o daños no podrán ser utilizados, precisó por su parte Silvia Ribeyro”.

http://www.jornada.unam.mx/2002/may02/020513/039n1soc.php?origen=soc-jus.html



México D.F. Lunes 13 de mayo de 2002



Quienes nos refutan no han tomado muestras de campo, expresa Ignacio Chapela



Atacan a cientí­ficos que demostraron la presencia de maí­z transgénico en México



Las firmas productoras presionan para que se crea que los transgenes son inocuos: Silvia Ribeyro



ANGELICA ENCISO L.



Desde que el mexicano Ignacio Chapela y David Quist, investigadores de la Universidad de Berkeley, dieron a conocer en noviembre pasado la presencia de transgenes en los cultivos de maí­z criollo de Oaxaca, se desató una campaña en su contra por parte de cientí­ficos relacionados con las trasnacionales productoras de los organismos genéticamente modificados.



En defensa de sus intereses, las firmas que desarrollan los transgénicos -organismos a los que se inserta un gen de otra variedad- buscan introducir estos productos en los cultivos mundiales para generar dependencia de los agricultores y acrecentar su mercado. Empresas como Syngenta -fusión de Novartis y Astra Zeneka- han promovido que los cientí­ficos aboguen en beneficio de este desarrollo.



Luego de que el estudio de Chapela y Quist apareció en la revista cientí­fica Nature, tanto en esta publicación como en Internet se desataron cuestionamientos de especialistas. La prestigiada revista se retractó por haber divulgado la investigación. Sostuvo que "no eran suficientes las evidencias para justificar la publicación del artí­culo original".



México es el primer centro de origen de un grano que resulta "contaminado" con transgénicos, por lo que el hecho ha pasado al debate internacional, sostiene Silvia Ribeyro, del Grupo de Erosión, Tecnologí­a y Concentración (ETC). Por ejemplo, el pasado 18 de abril el periódico británico The Guardian difundió declaraciones de funcionarios del gobierno mexicano que confirmaron la contaminación masiva de los cultivos de maí­z.



Las autoridades mexicanas, por conducto de la Comisión Nacional de Biodiversidad (Conabio) y del Instituto Nacional de Ecologí­a, solicitaron a la Universidad Nacional Autónoma de México y al Instituto Politécnico Nacional una serie de estudios para definir la presencia de transgenes en los granos tradicionales. Los resultados demostraron la presencia de transgenes -especí­ficamente el Bacillus thuringiensis- en el maí­z mexicano.



En la sexta conferencia de las partes del Convenio de Diversidad Biológica (CDB), celebrada del 8 al 26 de abril en La Haya, los representantes de estos organismos desconcentrados de la Secretarí­a de Medio Ambiente y Recursos Naturales informaron que se han encontrado rastros de maí­z transgénico en 95 por ciento de los muestreos que han heignacio_chapela_8mmcho, en niveles que van de uno a 35 por ciento, revelaron algunos de los asistentes.



Esta información fue presentada en una mesa coordinada por organizaciones no gubernamentales, en la que los funcionarios confirmaron el hecho y argumentaron que los estudios no han concluido por razones técnicas. Jorge Soberón, secretario ejecutivo de la Conabio, sostuvo en entrevista que una dificultad para terminar los estudios ha sido llegar al gen que se introdujo en el maí­z, debido a que se trata de una fórmula que sólo posee la industria que lo desarrolló.



Campañas en contra



Aunque los cuestionamientos al estudio de Chapela no van dirigidos al resultado final del análisis -la confirmación de la presencia de maí­z transgénico en los cultivos de la sierra norte de Oaxaca-, sino a una fase del procedimiento, Nature en su número de abril se retractó de la publicación.



El investigador mexicano sostuvo que el resultado de su estudio no se ha cuestionado cientí­ficamente. "No hay crí­tica al fenómeno de la contaminación en sí­. Una de las cartas enviadas a Nature decí­a que no se cuestionaba la existencia de la contaminación en México, sin embargo esto quedó fuera del artí­culo publicado."



El especialista explicó ví­a telefónica que la crí­tica va dirigida a un enunciado secundario, que se refiere a detalles del descubrimiento. Agregó que "la gente que nos ha refutado no ha tomado muestras de campo. Desde el punto de vista de México y del interés que esto ha despertado en el mundo, la crí­tica es bastante ridí­cula".



Aseguró que hay una campaña pagada por la industria para desacreditar esta información. "Los ocho autores de las cartas publicadas en Nature tienen un conflicto de interés directo. Están relacionados con otro escándalo que se dio en la Universidad de Berkeley en 1998, en el que Novartis -una de las grandes productoras de organismos modificados genéticamente- buscó comprar al college (profesorado) entero".



Recordó que como representante del profesorado se opuso, y a raí­z de eso se creó enemistades de las personas que querí­an que se firmara el contrato Berkeley-Novartis. Entre los defensores de ese convenio estaban Nick Kaplinsky y Matthew Metz, quienes ahora en Nature refutan aspectos técnicos del estudio de Chapela y Quitz, diciendo que no se debió publicar, por falta de evidencias.



Otra campaña de descrédito se ha dado en Internet, mediante la página AgBioWorld, coordinada por un profesor de genética molecular en la Universidad de Alabama. En esa página se rechaza la presencia del maí­z transgénico en México y se aduce que en caso de que exista contaminación es positiva.



El director de la Conabio, Jorge Soberón, sostuvo que los cuestionamientos a la investigación de Chapela no van dirigidos al resultado del análisis, sino a una fase del estudio. Lo que a México importa no está en duda, aseguró.



Hay un influyente grupo de cientí­ficos encargado de divulgar que los transgénicos no causan daños a la salud, y buscan dejar de lado el principio de precaución, de que mientras no se comprueben beneficios o daños no podrán ser utilizados, precisó por su parte Silvia Ribeyro.



Consideró que la presión viene de un puñado de empresas -Monsanto, Syngenta, Dupont- que manejan esta tecnologí­a y que, al no poder avanzar en paí­ses que como México tienen gran consumo de semillas, las cuales podrí­an ser sustituidas por transgénicas, pierden miles de millones de dólares al año.

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