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Mitos y realidades de la biotecnologí­a en el agro

Este tema a provocado una gran polémica, para iniciar algunos comentarios revisen este artí­culo:

http://www.invdes.com.mx/htm/mitos.html

Pareciera que cuando la primera pelí­cula de Parque Jurásico se estrenó en las salas de cine del mundo, todos nos enteramos de que una misteriosa sustancia llamada ADN existí­a. La gota de sangre de un dinosaurio, que fue el último alimento de un mosquito capturado en una pieza de ámbar hace millones de años, hizo posible que los cientí­ficos identificaran la información genética de un dinosaurio ya extinto miles de años antes.

La realidad es que hace casi 50 años, dos jóvenes cientí­ficos, James Watson y Francis Crick, descubrieron que algunas largas moléculas llamadas ADN (ácido desoxirribonucléico) que se encuentran en el núcleo de toda célula viviente, albergaban la información genética codificada de todas las formas de vida existentes. Fueron capaces incluso de "romper" este código, por lo que su descubrimiento les valió el Premio Nobel.

Aunque el ser humano se ha beneficiado enormemente con los avances cientí­ficos y tecnológicos, nunca ha dejado de contemplar el reverso de la moneda, al preguntarse hasta dónde es posible llevar este conocimiento sin suscitar consecuencias. La biotecnologí­a moderna, que utiliza técnicas de ingenierí­a genética, conlleva ambas partes: resulta enormemente fascinante y es a la vez, difí­cil de comprender en primera instancia por el público en general. Y su potencial de ser aplicada en áreas de la investigación médica o de la mejora de los cultivos agrí­colas como ejemplos, ha creado mitos y realidades.

Desde sus orí­genes, la agricultura ha involucrado a toda la humanidad, pero desafortunadamente en nuestros dí­as es menos conocida por la mayorí­a de los habitantes de las grandes ciudades. Cuando los consumidores se hacen conscientes de que merced a ella tienen alimento diariamente, de que dependemos de ella y que influye en su salud, se dan cuenta de su importancia real. He seguido las crí­ticas más sonadas sobre la aplicación de la biotecnologí­a y la agricultura y quisiera comentar sobre algunas de ellas.

Para iniciar, se ha dicho que los cultivos transgénicos van a dominar la agricultura moderna y que la agricultura rural, forma tradicional de vida en los paí­ses en ví­as de desarrollo, se va a afectar en gran medida. Al respecto, cabe aclarar que ningún agricultor está obligado a sembrar nuevas variedades de semillas; algunas semillas modificadas genéticamente pueden ofrecerle mayor competitividad en cuanto a calidad y precio. Por otro lado, la biotecnologí­a aplicada en la agricultura ayuda a mejorar la salud en muchas regiones de esta planeta. De hecho, la introducción de cultivos genéticamente modificados ha quintuplicado la producción de cereales en paí­ses necesitados como la India, Pakistán y China.

Los cultivos transgénicos están asociados a crear resistencia a antibióticos en el ganado, que pueden pasar a los consumidores cuando ingieren la carne. La propiedad de resistencia contra antibióticos es efectivamente utilizada en la producción de transgénicos, pero únicamente como un "marcador". Los marcadores son utilizados como herramientas para facilitar a los investigadores la determinación de las células vegetales que han recibido el material genético deseado. Un marcador resiste a cierto antibiótico y se inserta junto con el gen deseado de la célula.

Se han desatado versiones de que posiblemente transfieran esta resistencia antibiótica a las bacterias naturalmente presentes en el intestino de los animales y humanos, lo que podrí­a crear resistencia a antibióticos usados terapéuticamente. La autoridad sanitaria de Estados Unidos (la FDA) que es reconocida mundialmente, ha declarado que no existe evidencia que indique que el uso de genes marcadores de resistencia a antibióticos puedan ser un asunto de salud pública. A pesar de ello, la FDA ha aconsejado evitar la utilización de esos genes marcadores de resistencia a antibióticos empleados en el área clí­nica.

Y siguiendo con el tema, se ha dicho que los alimentos contienen bacterias dañinas para el ser humano. La carga bacteriológica de un alimento no tiene nada que ver con su producción o con su contenido de ingredientes genéticamente modificados. Es natural que los alimentos frescos contengan microorganismos que normalmente no afectan ni su higiene ni su calidad, siempre y cuando cumplan con las normas respectivas. Además, algunos alimentos como la leche, los quesos o el yogur, están elaborados utilizando bacterias.

¿Y el mito de que una fruta ecológica sea infinitamente más sana, natural y segura que una transgénica? Las llamadas frutas biológicas, que no son tratadas con agroquí­micos, corren el riesgo de ser atacadas por plagas, hongos y otras enfermedades. Algunos de estos hongos pueden segregar potentes sustancias tóxicas como las aflatoxinas y las fumonisinas. Los cultivos transgénicos desarrollados para poseer su propia resistencia a enfermedades, ya no presentan este riesgo y tampoco requieren de ciertos agroquí­micos, por lo que tienen menos residuos.

¿Y en general los alimentos transgénicos alteran nuestra salud? Una planta transgénica tiene la misma garantí­a de seguridad que un nuevo medicamento, pues pasa por controles similares antes de obtener la aprobación de las autoridades; es decir, la certifica un proceso más riguroso que cualquier alimento tradicional o "natural".

¿Y que hay con el comentario muy utilizado de que viví­amos muy bien sin que la ciencia modificara genéticamente lo "natural"? La respuesta es simplemente que hoy en dí­a ya no existe ningún cultivo para la producción de alimentos o fibras que no haya sido mejorado genéticamente por el hombre, empleando métodos tradicionales de entrecruzamiento. Este es el caso del maí­z actual y la experiencia de siglos con estos cultivos dependientes del ser humano ha sido muy exitosa e indispensable para lograr alimentar a la población de este planeta. Y esto no es un mito, pero sí­ una realidad.

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