Lee el Planeta EDUSOL, que reúne las bitácoras personales de los interesados en le tema de la Educación con Software libre.

Sacude sismo de 6.3 grados Richter a la Ciudad de México:
Y escribes, porque la próxima vez que quieras escribirte podría ser demasiado tarde. Lo cierto es que: En los siete años (poco más) que tengo en la Ciudad, no recuerdo haber sentido un movimiento telúrico tan claramente como ahora.
Alrededor de las 00:40 + - 2 minutos ya me parecía que el monitor se movía (siempre es bueno suponer que es otra cosa la que se mueve, tus ojos por ejemplo), luego se movió el escritorio, luego me moví yo. Levanté la vista y la lámpara (situada epicéntricamente) de la bibliotecasalacomedorrecámaraestudio, oscilaba como si alguien se hubiera trepado en ella sin hacer ruido, y siguió así.
No parecieron 40 segundos, conté más de un minuto. (Nimiedades, decía).
Siempre me había parecido inverosímil pensar cómo podía moverse una estructura con tal rigidez como la Tierra, con sus mantos férricos y sus placas base de piedra basáltica gigantes y encima el concreto, el asfalto, y toda ésta civilización que no somos y, para se exactos: La pared se movía.
Me levanté, tome mis sandalias (un decenio cumplirán, espero) y salí de donde, algunas veces, existo. Esperé. El farol que vigila el acceso principal (algunos le llaman puerta) siguió oscilando al menos otro minuto. Te mueves, definitivamente te mueves.
Y me dije:
La tierra
cede
se cansa.
Edgar Hernández Zúñiga.