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El David de Miguel íƒÆ’?ngel, obra representativa de la arquitectura renacentista italiana, siendo una obra inmóvil en el tiempo y en el espacio, cautiva en el ámbito de la mente a su espectador, por toda la evolución que supone, y por su enigmática, fuerte y penetrante mirada. Todo ello a pesar de no dirigir la mirada directamente al espectador, quien podría pararse en cualquier punto de la Academia, y no lograría ser blanco de su fulminante mirada. Aún así, los ojos del David están dirigidos a un punto bien definido, no es una mirada perdida, ni mucho menos nublada. Su mirada está cargada de expresión y sugestivo movimiento. Su mirada está impregnada del sentimiento de renacer que nació en Florencia. De renacer al oscurantismo, de renacer a la sin razón, de renacer a la pasividad y a la intrascendencia cultural e intelectual. Es el David, el polémico, el multicitado, el ícono, el motivo del presente OPINION_ES. Má que una obra maestra cumbre de la escultura italiana de la Florencia renacentista, el David, es muestra de la inteligencia humana, y de su inherente e inseparable culto a la belleza. En él, hay dejos de filosofía, filantropía, anatomía y seguramente de psicología. Basta con verlo por diez minutos.
Como antecedente biográfico hay que saber que Miguel Angel Buonarroti, el escultor del David, es uno de los má grandes artistas de toda la historia, y es también, maestro en grado superlativo del renacimiento italiano. Por oficio fue arquitecto, escultor, pintor y poeta. Y su influencia ha quedado plasmada tanto para sus contemporáneos como para la posteridad en todo el arte occidental. No se puede comprender la Historia del Arte, sin un capítulo dedicado al gran genio nacido en el poblado de Caprese, Italia en 1475 y acogido en Florencia, donde sentó sus reales, como hijo pródigo, orgullo, ilustre y benemérito de la ciudad que respira arte a raudales. Ademá, de su gran vínculo con Florencia, Miguel Angel Buonarroti pasó buen tiempo en Roma, la ciudad papal, donde dejó igualmente huella imborrable de su gran genio. Decir San Pedro, es decir, arte y catolicismo. En la Basílica de San Pedro, en el Vaticano, está otra escultura de Miguel Angel, La Piedad, en el mismo sitio donde él la colocó hace casi cinco siglos, y también sigue ahí, la bóveda de la Capilla Sixtina, exquisitas imágenes de toda la historia del arte sacro. Y como arquitecto, qué deciríƒÂ¢í¢â€šÂ¬í‚¦ la cúpula de la misma Basílica ha quedado como modelo y paradigma para todo el mundo occidental.
Y sobre el tema de la escultura objeto del presente OPINION_ES, ¿qué podemos decir? Dicen las escrituras que David fue un pastor hebreo, quien peleó contra un hombre guerrero de grandes dimensiones, del pueblo de los filisteos, Goliat. Como símbolo, David representa, en la historia, la inteligencia frente a la fuerza bruta de Goliat. Representa también, la confianza, la humildad, la fragilidad. Sin embargo, después de la creación escultórica de Miguel Angel, el David representa la belleza, el arrojo y la fortaleza masculina, y su propuesta estética ha permanecido vigente durante los quinientos años que ha cumplido esta obra de arte. El David no es la primera estatua de Miguel Angel, pero sí la que representa su apogeo. El David es una síntesis histórico-mítica de David y Hércules respectivamente. Con la tranquilidad, armonía y estética de un David hebreo y la fortaleza, determinación y vigor de un Hércules griego. El modelo de Miguel Angel lleva en la mano izquierda la honda, que cae sobre el hombro y la espalda, mientras que el brazo derecho pende verticalmente. La cabeza gira ligeramente hacia su izquierda, ofreciendo el perfil derecho al espectador. La pierna izquierda, ligeramente doblada, avanza al frente, mientras la derecha, se encuentra tensada. La obra está hecha para ser vista de frente a pesar de no estar totalmente concéntrica en el eje del modelo. En este David, no existe ningún indicio, salvo la honda, que revele la identidad del modelo. Es la honda el único elemento bíblico encargado de decir que se trata del David, y ni siquiera se encuentra en primer plano. Tampoco existe ningún indicio de la hazaña bíblica realizada por David. No aparece la cabeza de Goliat, y a juzgar por su gesto, no podríamos asegurar que se trata de una actitud desafiante o de triunfo, es decir, no sabemos si el David de Miguel Angel, a penas va a la pelea o ya viene victorioso de ella. Su mirada, sus gestos y su postura corporal tienen como único y último motivo, su presencia. Su mirada no descubre al enemigo, ni contempla al vencido, ni sonríe satisfecho ante el aplauso; es sólo una mirada, que no se dirige a parte alguna y que, por ello, reclama la nuestra. En el David, se ha llevado hasta las últimas consecuencias los rasgos centrales del humanismo renacentista, humanismo entendido aquí como apogeo y cima de lo que el ser humano es capaz de realizar por ser humano, dentro de lo humanamente posible.
Sean quinientos años, a penas íƒâ€ší‚¡un pequeño pasaje! Sean cinco siglos a penas íƒâ€ší‚¡un período de vigencia como modelo! Sea el David la apología, el paroxismo y la iconografía de la diáfana naturaleza artística del ser humano.
Muchas gracias! Un comentario de esta naturaleza, siempre vale mucho la pena!
Que continúen los OPINION_ES!!!
Luis Antonio Villafán Amezcua
Muy bueno, exenlente artículo de la serie OPINIONES
Gérman Alejandro Miranda Díaz
http://gamd.ath.cx